Sep 03 2008
De vuelta
Peregrinos en un Ghat del Ganges, Varanasi. Mes de Shiva
Antes de salir de viaje una buena amiga me dijo: ”prepárate para no entender nada” y el balance final ha sido ese no entendí nada, pero me he dado cuenta de que no entiendo nada en España tampoco.
El verano ha sido intenso en todos los sentidos, he cometido todos los errores posibles en dos meses, volverme de un viaje antes de lo previsto con una dudosa excusa, para darme cuenta, al volver, que la razón real no merecía tanto la pena, he tropezado por segunda vez en la misma piedra, he adelgazado para luego engordar…aunque también he visitado dos países; India y Nepal, he estado en la playa y en la montaña y sobretodo he aprendido muchas cosas nuevas.
He aprendido que las ideas fijas no sirven de nada, por que cuando sales de tu pequeño círculo todo cambia, lo normalidad es otra y la realidad diaria también.
Primero visitamos Nepal, es un país alucinante, de los más pobres del mundo, pero con gente con un carácter amable y alegre, sobre todo ahora que han conseguido la democracia, se les notaba la alegría y te lo contaban. Es un país rural, muy tranquilo y precioso. La religión es parte hinduista y parte budista, son de creencias tranquilas, bondadosas, todo es sagrado, hay mucha igualdad (incluso la mujer, aunque para todo, trabajan como hombres) la muerte es algo alegre y el día a día una ocasión para ser mejor. En definitiva es un país en el que te quedarías unos meses sólo por el ambiente que se respira.
Tras 15 días en Nepal nos fuimos a la India, “Incredible India“, una de las cosas que más nos habían repetido es que la India es “súper espiritual”, hay que decir que yo nunca he sido muy espiritual, sino un tanto realista, a mi manera, y bastante atea, por lo que no es raro que no haya encontrado la espiritualidad ni allí. India es; caótico, sucio y hay mucha miseria, no pobreza, miseria. La gente vive en la calle; duermen, hacen sus necesidades, comen, piden, venden, cocinan, rezan, alimentan a las vacas, tiran la basura…
Aterrizas en India y empiezas a “flipar”, no hay otra palabra que describa mejor cómo se siente un europeo cuando pisa cualquiera de sus ciudades. Rober, compañero de viaje, decía; me siento cómo un niño, mirándolo todo sorprendido.
La seguridad es muy alta, los controles de inmigración exhaustivos, !pero tendríais que ver los sistemas de control!, los arcos de seguridad son de madera y ni siquiera pitan!. En esto también hay diferencias, no te dejan subir mecheros al avión, en Europa si, pero te dejan pasar botellas de agua de litro y medio, entiendo que en Europa las botellas de agua de 33 cl. son muy peligrosas pero es imposible que a alguien se le ocurra prender fuego a un avión con un mechero…
Bueno , lo que decía, no entiendes nada de nada, nuestra cultura es radicalmente opuesta en muchas cosas, ¿o no tanto?.
Las calles están muy sucias, mucho, pero todas las mañanas van a limpiar los templos y las esculturas de los dioses, quizá en España también hay gente que tiene su casa sucia pero el coche impoluto. No tiene rupias para comer pero compran flores para ofrecerlas en los templos, alguien me dijo que su abuela en casa no tenía casi que comer pero daba limosna en la Iglesia todos los domingos. Hacen peregrinaciones andando cientos de kilómetros para llegar a Varanasi (antes Benarés) y bañarse en un río al cual casi no le queda oxígeno por la contaminación del agua, parece comparable al Rocío, con sus aglomeraciones y cantidades de polvo y fanatismo. Queman a los muertos en el Ganges y tienen que ahorrar toda una vida para pagar la madera con la que hacerlo, conozco gente que pasa su vida pagando un cachito de tierra para que le entierren. Viven humildemente, pasando grandes penalidades pero no se les ocurre relevarse por que ya se reencarnarán en algo mejor en otra vida, a nosotros no se nos ocurre quejarnos porque tenemos grandes comodidades materiales que no queremos perder.
Una de las cosas que más me han sorprendido de este viaje es que el ser humano se acostumbra a todo. Llegado un momento del viaje, ya no te impactan tanto los niños que te piden a todas horas y en vez de mirar a otro lado hablas con ellos, te acostumbras a dormir en hostales sucios, el primer día nos parecían horribles después hasta pensábamos que estaban bien, dejas de mirar al suelo intentando no pisar nada asqueroso y comienzas a caminar viendo la calle y la gente, te encuentras una cucaracha y la sacas de la habitación, esquivas a las vacas y te parece normal que haya monos por todas partes, ves a un conductor de ricksaw durmiendo hecho un ocho en su carrito y casi le despiertas para que te lleve, dejas de intentar tener los pies limpios y cuando la gente empieza a tumbarse en el suelo de la calle entiendes que es hora de dormir.
Ahora, el verdadero shock es cuando vuelves, llegas a un aeropuerto europeo, lo primero que pisas de primer mundo después de un mes, y te sorprende que todo brille y no haya letrinas sino wáteres. Sales a la calle y la gente no te mira pero tampoco te habla, tu casa es un palacio y no tiene cucarachas, nadie duerme en la calle, los niños no piden, ni esnifan pegamento y van a la escuela, hombres y mujeres somos iguales, en definitiva que somos unos afortunados por que nos ha tocado nacer aquí y no allí.
Dicen que viajar a India te cambia, no lo creo, creo que lo que hace es darte una bofetada de cruda realidad, la misma que cualquier país que se salga de nuestro pequeño reducto entre algodones que es el primer mundo. No creo que me cambie porque seguro que en un mes o en unos días, me estoy quejando por mi trabajo, o porque mi coche está viejo o porque mis alumnos no me hacen caso, o porque…
